La morosidad de las familias volvió a subir en febrero: alcanzó el 11,2% y cuadruplicó el nivel de fines de 2024
Un informe basado en datos del Banco Central reveló un fuerte deterioro en la capacidad de pago de los hogares argentinos. La irregularidad del crédito en el sistema no financiero rozó el 30%, en un contexto de tasas elevadas, pérdida del poder adquisitivo y un crecimiento económico desigual.
La situación financiera de las familias argentinas continúa deteriorándose. Según un informe de la consultora 1816, elaborado en base a datos de la Central de Deudores del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la morosidad de los hogares alcanzó el 11,2% en febrero, marcando el decimosexto mes consecutivo de aumento y cuadruplicando el nivel registrado a fines de 2024. Este fenómeno refleja las tensiones de una economía en la que el crecimiento no logra traducirse en mejoras sostenidas del ingreso disponible.
Un deterioro sostenido en la capacidad de pago
El informe señala que la mora de los hogares subió desde el 10,6% en enero hasta el 11,2% en febrero, alcanzando su nivel más alto desde 2004. En octubre de 2024, este indicador era de apenas 2,5%, lo que evidencia un deterioro acelerado en la capacidad de pago de las familias.
En contraste, la morosidad de las empresas mostró un incremento marginal, pasando de 2,8% a 2,9%, mientras que el total del sector privado se elevó de 6,4% a 6,7%. Además, la suba de la irregularidad se registró en 28 de las 30 principales entidades financieras, lo que confirma que se trata de un fenómeno generalizado y no de situaciones particulares.
Tasas elevadas y pérdida de ingresos
El aumento de la morosidad se produce en un contexto de tasas de interés aún elevadas y una marcada pérdida del poder adquisitivo. Aunque la tasa de referencia del sistema se mantiene en torno al 20%, los préstamos personales presentan una tasa nominal anual cercana al 70%, lo que equivale a una tasa efectiva anual próxima al 100%, sin considerar el Costo Financiero Total (CFT), que resulta aún más elevado.
A esto se suma el deterioro del mercado laboral: los salarios privados registrados cayeron por quinto mes consecutivo, alcanzando su nivel más bajo en 18 meses, mientras que el desempleo se ubicó en 7,5% durante el último trimestre de 2025, el nivel más alto desde la pandemia.
Fuerte impacto del crédito no bancario
El problema es especialmente grave en el sistema no financiero, donde la morosidad de los hogares alcanzó el 29,9% en febrero, con una suba superior a los dos puntos porcentuales respecto de enero. Este segmento incluye a financieras, billeteras virtuales y otras entidades que suelen ofrecer créditos con tasas más elevadas y con mayor incidencia en los sectores de menores ingresos.
Aunque este tipo de financiamiento representa aproximadamente el 17% del total de préstamos a familias, su impacto es significativo debido al alto costo del crédito y a la vulnerabilidad de los usuarios que recurren a estas alternativas para cubrir gastos corrientes.
Crecimiento económico con impacto desigual
El informe también destaca un cambio en la matriz productiva, donde sectores como el agro, la energía y la minería impulsan el crecimiento económico, pero con escaso efecto en la generación de empleo. En contraste, actividades intensivas en mano de obra como la industria, la construcción y el comercio muestran un desempeño contractivo.
La producción industrial manufacturera cayó 8,7% en febrero en comparación con el mismo mes de 2025, mientras que el acumulado del primer bimestre de 2026 registró una contracción del 6%. Entre los sectores más afectados se destacan el automotriz, con una caída del 24%, y los rubros de maquinaria, equipamiento y textiles.
Una señal de alerta para la economía
En este escenario, la suba de la morosidad se consolida como una señal de alerta sobre la fragilidad financiera de los hogares argentinos. El encarecimiento del crédito, la pérdida de ingresos reales y el aumento del desempleo configuran un panorama complejo que podría profundizar las dificultades económicas si no se implementan medidas que fortalezcan el poder adquisitivo y el acceso al financiamiento en condiciones sostenibles.









