Créditos bajo presión: casi 4 de cada 10 familias recurren a fintech y crece la morosidad
El financiamiento a través de plataformas digitales experimentó un fuerte crecimiento en los últimos dos años: pasó de 3,7 millones a más de 8 millones de usuarios con al menos un préstamo vigente. Las fintech ya concentran cerca del 40% de las personas que acceden al crédito formal, aunque con préstamos generalmente más pequeños y niveles de mora superiores. El Gobierno descarta, por ahora, una intervención estatal para asistir a los deudores.
El mapa del crédito para las familias argentinas está cambiando aceleradamente. Mientras millones de personas buscan financiamiento para afrontar gastos, realizar compras o cubrir necesidades de corto plazo, las fintech ganaron un espacio que anteriormente estaba concentrado principalmente en los bancos.
Un relevamiento del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) muestra que en apenas dos años la cantidad de personas con acceso al crédito formal pasó de aproximadamente 16 millones a más de 21 millones.
Sin embargo, gran parte de esa expansión no se produjo dentro del sistema bancario tradicional.
El segmento fintech pasó de 3,7 millones a más de 8 millones de usuarios con al menos un préstamo vigente, lo que significa que actualmente cerca del 40% de las personas que acceden a algún tipo de financiamiento formal lo hacen mediante estas plataformas.
El crecimiento permitió incorporar al mercado crediticio a sectores que históricamente encontraron mayores dificultades para conseguir un préstamo bancario. Pero también dejó en evidencia otro problema: el incremento de la morosidad.
Por qué cada vez más personas piden créditos a las fintech
El sistema formal de crédito argentino puede dividirse, de acuerdo con análisis de la Fundación Mediterránea, entre las entidades financieras tradicionales y los proveedores no financieros de crédito.
Dentro del primer grupo aparecen bancos, compañías financieras y cooperativas de crédito, que pueden recibir depósitos del público y otorgar préstamos bajo regulación y supervisión directa del Banco Central de la República Argentina (BCRA).
Los proveedores no financieros, en cambio, utilizan capital propio para otorgar financiamiento y no pueden captar depósitos del público. Deben estar registrados ante el Banco Central, aunque funcionan bajo un esquema regulatorio diferente.
Dentro de este universo se encuentran las fintech, cuyo funcionamiento se basa prácticamente por completo en herramientas digitales.
La solicitud del préstamo, la verificación de identidad, el análisis crediticio, la aprobación y posteriormente el cobro pueden realizarse desde una aplicación o plataforma tecnológica.
Esta modalidad permitió ampliar considerablemente la cantidad de potenciales clientes.
Trabajadores informales y personas fuera del sistema bancario
Una de las principales diferencias está en la manera de determinar si una persona puede acceder al financiamiento.
Las fintech pueden utilizar información alternativa para construir perfiles crediticios, incorporando variables como movimientos transaccionales, comportamiento de pagos de servicios y otra información disponible para evaluar el riesgo.
Esto abrió una puerta de acceso al crédito para trabajadores informales, monotributistas, personas sin una cuenta bancaria activa y usuarios sin antecedentes suficientes dentro del sistema financiero tradicional.
El resultado fue una fuerte ampliación de la cantidad de argentinos con acceso al financiamiento formal.
Pero esa inclusión tiene una contracara.
La morosidad de los créditos fintech ronda el 30%
Según los datos mencionados por el ITBA, la cantidad de créditos fintech en situación irregular se ubica aproximadamente en el 30% de la cartera.
Al analizar específicamente la denominada "mora operativa", correspondiente a atrasos de entre 30 y 360 días, el indicador se encuentra alrededor del 23%.
Este segmento mostró cierta estabilidad durante los últimos meses y su ritmo de crecimiento comenzó a moderarse desde noviembre de 2025.
Sin embargo, la mora total continúa aumentando debido, entre otros factores, al peso de préstamos de larga data que permanecen en situación irregular.
El escenario vuelve a colocar en el centro del debate la capacidad de pago de las familias y las condiciones bajo las cuales se está expandiendo el crédito.
Caputo atribuye parte de la mora a la expansión del crédito
El ministro de Economía, Luis Caputo, vinculó el crecimiento de los niveles de mora con la propia expansión del financiamiento y sostuvo que, cuando las entidades volvieron a incrementar la entrega de préstamos, también otorgaron créditos que posteriormente presentaron problemas de pago.
El debate excede, sin embargo, al sistema bancario.
Los números muestran que una proporción cada vez mayor de las personas que toman créditos lo hacen mediante proveedores financieros digitales, generalmente por montos inferiores y con perfiles que pueden presentar un riesgo crediticio mayor.
Esto genera un escenario diferente al de anteriores ciclos de expansión del financiamiento.
El Gobierno descarta un rescate para quienes no pueden pagar
Frente al crecimiento de la morosidad comenzó también la discusión acerca de una eventual intervención del Estado para atender la situación de las familias endeudadas.
Por el momento, desde el Gobierno nacional descartan esa alternativa y consideran que se trata de obligaciones asumidas entre privados.
El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, rechazó las soluciones que impliquen transferir recursos de manera discrecional entre sectores.
"Seguimos viendo esto como una cuestión entre privados", sostuvo el titular del BCRA al referirse al problema.
Desde la conducción económica consideran que una intervención estatal podría generar lo que técnicamente se denomina "riesgo moral": la posibilidad de incentivar comportamientos financieros más riesgosos ante la expectativa de una futura asistencia pública.
La recesión y las deudas de las familias
La discusión adquirió mayor intensidad debido a la situación económica y a las dificultades que enfrentan determinados hogares para cumplir con sus compromisos financieros.
El economista Carlos Rodríguez planteó que una recuperación de la actividad económica, y particularmente de los ingresos de los deudores, podría facilitar la normalización de los pagos.
Al mismo tiempo, advirtió sobre una combinación compleja entre recesión, morosidad y expectativas, factores que pueden retroalimentarse y dificultar la recuperación.
La capacidad de las familias para afrontar sus cuotas será uno de los indicadores centrales para determinar cómo evoluciona el mercado del crédito durante los próximos meses.
Argentina tiene poco crédito en comparación con la región
Para el IERAL de la Fundación Mediterránea, el incremento de la morosidad no necesariamente significa que exista un nivel excesivo de endeudamiento en términos macroeconómicos.
Argentina mantiene uno de los sistemas financieros más pequeños de la región: la relación entre crédito y Producto Bruto Interno (PBI) ronda el 13%.
Esto muestra una paradoja: el volumen total de crédito continúa siendo reducido en relación con el tamaño de la economía, pero una parte de las familias enfrenta crecientes dificultades para pagar las obligaciones que ya asumió.
Los impuestos encarecen fuertemente los préstamos
Otro elemento que influye sobre la capacidad de pago es el costo financiero de los créditos.
Un análisis de Econométrica señaló que impuestos como el IVA e Ingresos Brutos pueden agregar más de 43 puntos porcentuales al costo financiero efectivo anual de determinados préstamos.
Según esa estimación, un costo del 79% podría elevarse hasta el 122,7% anual por el efecto de la carga tributaria.
El IERAL también señaló que una parte importante del monto final de los intereses no corresponde exclusivamente al costo del dinero, el riesgo financiero o los gastos propios de la intermediación, sino también a la incidencia de los impuestos.
En este contexto, la evolución de la mora, los ingresos de las familias y las tasas que enfrentan quienes necesitan financiamiento serán determinantes para saber si la expansión del crédito fintech puede sostenerse o si las dificultades de pago terminarán frenando su crecimiento.








